LA LETRA PERDIDA (FERNANDO LÓPEZ)

José Guadalajara

Poeta ripense

Fernando López Guisado se puso en contacto con Escritores de Rivas, grupo literario que dirijo, el 12 de noviembre de 2011. Me contó su trayectoria literaria y me hizo partícipe de su vocación de escritor, algo que he podido comprobar más tarde ¡y de qué manera! De aquel correo extraigo ahora estas palabras:

“Aunque hace tiempo que me alejé de este mundo en su faceta exterior y más pública de recitales y editoriales, no he dejado de escribir para mí mismo, con miedo de volver a mostrarme a los demás. Aunque lo he comenzado también recientemente, se me puede conocer algo por un blog que estoy haciendo: buenasnochesnuevaorleans.blogspot.com y en el que os voy a recomendar.

Ahora quisiera retornar tímidamente, como la tortuga asomando con prudencia la cabeza, y la mejor forma creo que es colaborar con otros escritores y en un punto de partida como este nuevo lugar de residencia, que ha sido también un renacer en mi vida personal. ¿Cómo podría colaborar con vosotros?”

Poco tiempo después, tras su presentación en la sección Literalia de ER, Fernando López pasaba a formar parte de Escritores de Rivas, pues su recorrido literario y su calidad artística así lo exigían. Ahora es uno de sus más tenaces colaboradores, un tesón que pone en su auténtica vocación de escritor y en su entrega constante y apasionada a la palabra. Su estilo es personalísimo: símbolos, metáforas, asociaciones, imágenes, con una veta surrealista y desgarrada tocada por una sutil ironía y un humor corrosivo que se proyectan hacia la existencia y la sociedad.

En su haber cuenta con los poemarios Aromas de Soledad (1995), El Altar de los Siglos (1998) y Porque nunca fue suyo (2011). En octubre, en ediciones Vitruvio, está previsto que salga publicado La Letra Perdida (2012). De esta letra nos escribe el propio poeta:

LA VOZ DEL AUTOR

En la vida siempre quedan cosas pendientes: nos transforman en fantasmas, produciendo un residuo en el alma que nos impide descansar incluso antes de la muerte. Suelen manifestarse como sentimientos intensos que en su tiempo jamás verbalizamos, pero que merecerían ser expresados. Lo que quedó pendiente. La Letra Perdida.

Nos precipitan a una noche oscura, un viaje por las avenidas de nuestro interior durante muchos años de silencio.

En mi caso particular, después del segundo libro, dejé de intentar publicar nada, por la falsedad circundante y, sobre todo, por el miedo al fracaso. Marqué distancia con el mundo literario como quien abandona una tierra falsa. Perdí, en cierta manera, mi pilar y mi esperanza: la voz. Una voz que luchaba por ser reconquistada, no sin la aventura de un paseo por el infierno.

Pero nunca dejé de escribir poesía. La Letra Perdida es ese viaje. Una expresión del sentimiento personal pero que se transmite de forma universal: todas las personas sienten la necesidad de encontrarse a sí mismas al descubrir que muchos de los principios que regían sus vidas tienen los pies de barro.

Este libro cuenta la historia de todos aquellos que están perdidos, recorriendo una senda difusa, aprendiendo duramente a distinguir lo valioso entre las sombras y a diferenciar la copa que ofrece el veneno. Narra la historia de todos aquellos que han tenido miedo, y han comprobado con humildad que cualquier punto de vista resulta una Verdad igual de válida.

Pero no realizamos en soledad ese viaje iniciático por el silencio, aunque tengamos la certeza de que es así: hay constantes, maestros, amigos y amores, partes de aquello primordial que nunca nos podrán arrebatar. Nos ayudan a levantarnos, a reformar nuestro yo, a ser mejores, a ser auténticos.

A ser nosotros, a pesar del miedo.

Por eso, este viaje y este libro muestran que hay luz al final del túnel. Que no exista una Verdad única no implica impotencia para reconocer la falsedad. Se trata de un regreso a la pureza del mar, caminando con el amor verdadero por una avenida de tilos; una recuperación de lo bello y sencillo que sobrepasa las apariencias. Un renacer a la esperanza, dejando de ser un espectro, asimilando lo que quedó pendiente.